Rosibel Cubillo
Hablar de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no es el objetivo de este artículo, sino ir más allá de este concepto tan criticado y venido a menos. Sin embargo, es necesario citar algunos factores que han incidido en la mala utilización y comercialización de las prácticas de RSE, pues muchas empresas se vanaglorian de ser socialmente responsables y estar incorporadas a ONG, pero sus prácticas corporativas no son las correctas. Cito algunas reflexiones al respecto.
Etica: no se cuestiona la rentabilidad de las compañías sino la forma en que obtienen sus ganancias. Las pérdidas de pequeños inversores ocasionadas por compañías financieras son muestra de ello.
Medio ambiente: la gran mayoría de corporaciones no tiene políticas claras, definidas y sostenibles, en cuanto a no dañar el medio ambiente, a pesar de que poseen planes de RSE. Por ejemplo, las trasnacionales que expenden agua embotellada son los principales gestores del daño ambiental causado por la sobre explotación de las nacientes de agua.
Grupos de interés: son especialmente los empleados quienes sufren la irresponsabilidad, pues se mantiene la visión de que las rentas se reparten entre el capital y los accionistas.
Insuficiencia de legislación: el aparato coercitivo legal se ha mostrado ineficaz e insuficiente para garantizar el cumplimiento mínimo de la normativa, aunado a la ineficiencia de la gestión pública.
Globalización: ha provocado que las multinacionales se extiendan por todo el mundo, operando en sociedades con distintos valores, historia y costumbres, acumulando gran poder, y por razones económicas y expansivas, no se respecta la idiosincrasia de los pueblos.
Mala imagen: precisamente, las pésimas prácticas empresariales y la utilización solapada de la RSE como licencia para operar han traído abajo su credibilidad.
Costo económico: las prácticas de RSE se asocian a los altos costos que implica implementar medidas correctivas en todos sus ámbitos, y por ello no se hacen.
Herramienta publicitaria: es común que la RSE sea tomada por las empresas como herramienta para su propio beneficio, hacen poco y promulgan que hacen mucho.
Transparencia: es vista como un riesgo, pues las compañías temen revelar sus debilidades y serán más criticadas.
Asistencial: como ha sido usual, la RSE se ha convertido en filantropía, y ya sabemos que una empresa puede ser responsable socialmente sin destinar un centavo a la acción social, o por el contrario, puede aportar gran cantidad de dinero a causas sociales, y ser totalmente irresponsable.
Crear valor social
Más allá de la RSE, las empresas deben comprometerse con crear valor, sin intereses comerciales o financieros, sin hacer filantropía, sino originando, participando y contribuyendo, con un compromiso intrínseco y sincero, como aporte para construir un mundo mejor.
Bien citó Peter Ducker que “el administrador moderno debe ser un activista político. Cada vez se dará mayor cuenta de que, en estos tiempos turbulentos, en adición a la gestión de su empresa, deberá convertirse en el líder e integrador de una sociedad pluralista”.
Crear valor social debe nacer y evolucionar en la empresa, dejar de ser momentáneo y parcial, para convertirse en algo auténtico y con proyección futura. El compromiso para crear este valor debe ser íntimo, fruto de la reflexión sobre la responsabilidad que tiene la empresa con su entorno y con todos los agentes que confluyen en el.
Para iniciar este proceso de cambio hacia la creación de valor social, deben definirse metas y crear una declaración de principios -a cumplir y que no queden en el papel- sobre su desempeño económico, social y ambiental.
Aquí deben estipularse las bases de transparencia, ética, equidad, derechos humanos, comportamiento y relaciones con cada una de sus audiencias, incluyendo el personal interno, la comunidad y el país.
Crear valor social implica un desarrollo armónico sostenible, donde haya crecimiento financiero, innovación, uso adecuado del entorno natural y posibilitando el incremento del conocimiento, para no limitar el progreso de las generaciones futuras.
Crear valor social también debe ser una decisión conciente, tomada por los líderes de las organizaciones, y hacerla trascender a todos los niveles, pues todos los ciudadanos somos responsables del bienestar de la sociedad.
Crear valor social implica ser participativo, proactivo, cooperativo, especialmente con organizaciones, para lograr un efecto multiplicador de las acciones emprendidas, estimular el avance normativo de los procesos legales, sociales, ambientales, buscando la integración de las demandas sociales.
Crear valor social es un compromiso por compartir la dimensión empresarial, identificar los desafíos que enfrenta la empresa y la sociedad, y hacerle frente a esos retos con investigación y prácticas responsables en los ámbitos económicos sociales y ambientales.
Más allá del proceso político en que estuvo inmerso, un ejemplo de creación de valor social es Al Gore, quien ha emprendido una labor de concientización acerca del calentamiento global. No se quedó con esperando que otros hicieran algo, su esfuerzo no terminó con su documental “Una verdad incómoda”, sino que ha creado una red de apoyo, divulgación y comunicación, para que el mundo abra sus ojos ante esta eminente catástrofe causada por la acción humana.
Entonces, ¿por qué no crear valor social?… lo que requerimos es realmente querer hacerlo.