Dino Starcevic
Director de Relaciones Públicas
Las marcas hay que construirlas. De cero, cuando nacen, o volverlas a lo básico cuando algo falla con ellas y hay que revitalizarlas.
En este caso, cuando se hace necesario reimpulsar una marca, lo básico es darse a la tarea de reflexionar sobre ciertos procesos fundamentales (es decir, que atañen a los fundamentos, a lo que sostiene) de la construcción de marca.
Veamos algunos de éstos.
Es indispensable tener en mente siempre que el objetivo principal del servicio al cliente es ayudar a éste a resolver sus asuntos. Una marca fuerte es aquella que se fija en la mente del cliente como la que le ayuda en ese aspecto. La imagen de marca siempre tiene que ser positiva.
Un excelente servicio al cliente crea “voice of talk” o “word of mouth”: es lo que hace que se hable de la empresa, lo que redunda en mayores ventas.
Todos en la empresa deben estar involucrados en la tarea de mantener la marca. Si el equipo de trabajo no compra la idea y la noción de ayudar al cliente, el servicio que se va a proveer es de menor calidad.
Primera labor, entonces, es preguntarnos cómo somos en cuanto marca.
Otro axioma infaltable: siempre tener presente que todo pasa por la percepción, por la cabeza del consumidor, del comprador y del cliente. Es el origen de la decisión de compra.
Hay que entender que cada comprador comprador tiene razones distintas por las que decide comprarnos, y que un ejercicio de marca implica entender cuáles son los valores de los compradores y ese proceso de decisión.
En pocas palabras, necesitamos saber por qué nos compran los que nos compran y por qué no nos compran quienes no nos compran.
Visto que nuestra marca posiblemente no es genérico dirigido a todo el mundo, es importante ajustarla a los intereses segmentados de los compradores. Un segmento es un conjunto de compradores que comparten ciertas características y atributos, y la segmentación implica determinar esos atributos; es necesaria para focalizar y concentrar el esfuerzo de mercadeo de la marca.
Para realizar una mejor oferta de servicios, es importante determinar las necesidades y preferencias de cada segmento. Si la empresa está por fundarse, es clave poder reconocer el segmento target al cual se ofrecerán los servicios. Todo este conjunto de habilidades es lo que se conoce como inteligencia de mercado.
Al final, el posicionamiento de marca frente a esa segmentación hará que la actitud del comprador sea favorable (lo que todos buscamos), neutra u hostil. La pregunta es ¿cuál es la que estamos generando?
Para que nos compren debemos lograr que nos diferencien y distingan de la competencia. Esa diferenciación es justamente lo que logra al posicionar la marca. La marca es la diferenciación. Posicionamiento es conseguir una personalidad de marca, ocupar un lugar especial en la mente de los compradores y lograr que nos vean como queremos que nos vean.
Mi empresa puede tener los atributos físicos (nombre, logotipo, imagen facial), pero eso no significa ha creado una marca. La marca es lo opuesto a un “commodity” (producto indiferenciado).
Para crear una marca hay que definir una personalidad (lo que queremos transmitir como nuestra marca), definir la identidad (cómo nos ven, el lugar que ocupamos en la mente del comprador), crear un liderazgo reconocido por los clientes, tener y posicionar un valor positivo (la satisfacción, lealtad o continuidad con el cliente), un valor de nombre (relacionado con la imagen y el prestigio), y dotarlo al final de atributos visuales que sirvan para identificarnos a simple vista, el “packaging”.
Hay dos preguntas que hacernos en este proceso: ¿cuál es nuestro nombre y las connotaciones que trae -positivas, neutras, negativas-?, y ¿cómo nos configuramos en cuanto al servicio que ofrecemos?
Y, finalmente, recordar un elemento fundamental: el posicionamiento final se logra cuando los atributos proyectados conectan con la satisfacción de una necesidad en el cliente. Cuando el cliente descubre que lo que nos ha comprado valió el precio pagado, y eso depende, al final, única y exclusivamente, de la calidad real del producto o servicio.
Una cuestión de marca
May 18th, 2009La cantante del mundo
April 22nd, 2009Dino Starcevic
Director de Relaciones Públicas
Casi es seguro decirlo: todo el mundo sabe quién es Susan Boyle.
Cuando los 11,3 millones de personas que la vieron salir a escena en medio de la incredulidad -y risas- de los presentes y jueces en Britain`s got talent la oyeron abrir la boca, el mundo presenció el nacimiento de una nueva estrella mediática: la casi cincuentona Susan pasó de la nada al todo en cuestión de horas.
Por supuesto: Internet. El video de la desempleada de 47 años y voluntaria en la iglesia de su natal Blackburn, que toda su vida había esperado que su talento como cantante -mucho- fuera descubierto, se catapultó gracias a Internet hasta ser, como la han llamado ya, “la cantante del mundo”.
La señora ha llegado a picos increíbles: su video de presentación en YouTube superó ya los 100 millones de accesos, batiendo a la toma de posesión de Barack Obama (18,5 millones).
La diva Demi Moore lloró emocionada cuando su igualmente divo marido, Ashton Kutchner (el mismo que retó y venció a Larry King a tener más amigos en Twitter) le pasó el video de Boyle. King, rey de las entrevistas en CNN, la tuvo en su programa en directo desde Inglaterra, y la zarina mediática Oprah Winfrey ya la invitó a estar en su popularísimo show. Su pueblo se ha convertido ya en lugar de peregrinaje para miles de fans.
La periodista Miranda Sawyer, de Daily Mirror, puso el dedo en la llaga: “Tristemente todo se reduce a la imagen. Si eres cantante, estás obligada por las reglas del mundo del espectáculo a estar sexy en todo momento”. La cita no parece aplicar a Boyle.
Claro está, la historia de esta cenicienta mediática se las trae.
Recuerdo que, en los primeros momentos del salto a la fama de Boyle (sí, yo los viví) no faltaron algunas voces entre mis contactos de Internet que dudaran del fenómeno. Todo parecía, dijeron, demasiado preparado, demasiado calculado por los organizadores de Britain’s got talent, para presentar a la impactante y poco atractiva Boyle a un público desprevenido, y cauterizarlo con una voz sospechosamente sensacional.
¿Cínicos, como los llamó una de los propios jueces del programa, sobre la marcha? Quién sabe. La cosa es que Susan Boyle representa exactamente la clase de historia que los medios y el público ama: el Patito Feo vuelto a nacer.
Si fue así, la receta mercadológica ha tenido un éxito inmediato, y el que la haya inventado es literalmente un genio de los medios.
¿Lecciones? Dos, a mi juicio.
Primera, Internet reina y gobierna. Los medios tradicionales han reaccionado todos siguiendo la pista de lo que la web mundial capturó de un programa de concursos de canto ingles. Como dirían los muchachos hoy en día: el que no está en Internet no está nada.
Segundo, no hay recetas para posicionar la imagen. O, depurando la idea, hay que saber crear la receta, aunque los ingredientes para ello parezcan los menos apropiados. “Customizing”, que llaman los angloparlantes. No forzarla, sino saber moldear la imagen a la medida de cada quien (y del plan estratégico que se quiera cumplir).
No parece haber duda de quién ganará el concurso Britain’s got talent. Realmente no importa: Susan Boyle ya ganó. Y de qué manera.
Imagen y campaña política
April 22nd, 2009Giselle C. de Stas
CEO
Para iniciar este blog sobre el tema de imagen, nada más atractivo que hablar de las recién lanzadas campañas de los precandidatos del Partido Liberación Nacional, especialmente los dos que ya pautan sus comerciales en televisión.
Lógicamente sus anuncios responden a la estrategia de imagen planteada como eje de campaña: para ella, su centro es la honradez y la experiencia; para él, un candidato de todos, o sea del pueblo.
Sus asesores han acertado en centrar el mensaje colectivo sobre las fortalezas de cada precandidato y el triunfo va a depender más de una estrategia generalizada que únicamente de la propuesta mediática y de bombardear al liberacionista con un corto publicitario.
Durante Semana Santa tuve la oportunidad de vacacionar en Guanacaste y, al transitar por pueblos y pueblitos, me llamó la atención la cantidad de vallas publicitarias de él, y ausencia total de signos externos de ella. Esos elementos, parte de la estrategia integral, son fundamentales de lo que al final sumará en el resultado.
Pero vamos a los anuncios. A nivel técnico ambos están bien hechos y logran transmitir el mensaje que plantearon. Como siempre, hay un pero. ¿Qué difícil es transmitir en un corto de 30 segundos la honradez y la transparencia?
El mensaje de ella es claro pero no se puede comprobar la honradez por televisión, atributo muy cuestionado en los últimos años en el mundo político. Ella en presencia impecable, con buena dicción y un guión bien seleccionado para su mensaje, pero como dice la canción nos deja la sensación de que son palabras, palabras, solo palabras.
En la acera del frente se aprovecha el recurso sorpresa, para comunicar el poder de la gente, que es el eslogan de campaña. Primero trae a la memoria colectiva la campaña publicitaria del actual Presidente y, al mejor estilo de los mensajes familiares y espirituales de Canal 7, lo interrumpe de pronto, atrayendo la atención del televidente. Lo malo es que luego de la tercera ocasión que se observa, el elemento sorpresa desaparece y motiva al zapping.
Sabemos que sus asesores están arduamente trabajando, así que esperamos nuevas propuestas y, como no se trata de un producto de consumo masivo o de comerciales que buscan ganar un premio, confiamos en que nos sorprendan.
Ah, sobre todo, que llegue al corazón de los liberacionistas, que al fin y al cabo es su meta; de lo contrario, podrán ser técnicamente muy bien calificados, pero infructuosos en lograr su objetivo.
Les seguiremos la pista.
Hello world!
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